El colesterol tiene un propósito y un contexto que es necesario entender.
Antes de hablar de por qué sube el colesterol en estas etapas de la vida, vamos a devolverle el lugar que merece como una de las moléculas más nobles y esenciales para la vida.

Una de las razones más poderosas por las que tu cuerpo protege sus niveles de colesterol es la esteroidogénesis (la vía metabólica de creación de hormonas esteroideas). El colesterol, como puedes ver en la imagen, es la materia prima original, la "molécula madre" de la que nacen el cortisol, todas tus hormonas sexuales y hormonas precursoras como la pregnenolona y la DHEA.
Además, es el precursor indispensable para que tu piel fabrique vitamina D con la ayuda del sol.
¡Entre otras muchas funciones! En sencillas palabras, sin colesterol nos moriríamos.
A muchas mujeres les sorprende ver cómo al entrar a la perimenopausia sus niveles de colesterol se elevan como "de la nada". Y lo primero que aparece es miedo, alimentado por el ruido en redes o quizás de un médico bien intencionado que nos dice que estamos en riesgo de infarto.
Pero en nutrición funcional no vemos un número aislado. Entendemos su propósito y analizamos el contexto.

El aumento de colesterol en estas etapas no es un error de tu biología. Es una respuesta adaptativa a una reorganización hormonal profunda.
Vamos por partes para entender los cambios fisiológicos que ocurren a partir de la perimenopausia, así como los factores que contribuyen a un contexto metabólico que favorece un perfil de lípidos menos favorable.
La disminución de estrógeno afecta la forma en que el hígado procesa el colesterol, disminuyendo su capacidad de depuración y favoreciendo que aumente en sangre.
Esto es porque el estrógeno regula directamente la expresión de los receptores de LDL en el hígado. Cuando el hígado necesita retirar el exceso de LDL de la circulación sanguínea para reciclarlo o convertirlo en bilis, lo hace a través de unos "ganchitos" en su superficie llamados receptores de LDL. El estrógeno regula directamente la expresión y ciclo de vida de estos "ganchitos". Al caer el estrógeno hay menos ganchitos y con vida útil más corta para atrapar el LDL y este queda flotando más tiempo en sangre.
Durante la transición a la menopausia, la función tiroidea suele verse afectada. La razón principal para muchas mujeres es que en la perimenopausia el estrógeno fluctúa y la progesterona se produce de forma errática. Como resultado, hay un exceso de estrógeno —relativo a la progesterona— y esto puede interferir con el trasporte y disponibilidad de hormonas tiroideas.
La tiroides también está involucrada tanto en en la eliminación de colesterol. Específicamente, necesitas niveles óptimos de la hormona tiroidea activa (T3) para la creación de los receptores de LDL que retiran y reciclan el colesterol (esos "ganchitos" de los que hablamos antes). Si la tiroides trabaja lento, la creación de ganchitos se frena y el colesterol se acumula.
El estrógeno juega un papel en la sensibilidad a la insulina (lo opuesto a resistencia). Durante la transición a la menopausia, el estrógeno empieza a declinar poco a poco, lo que puede contribuir a resistencia a la insulina. El tejido graso libera más fácilmente ácidos grasos a la sangre y el hígado recibe una mayor carga de combustible.
Esto puede aumentar los triglicéridos y modificar el perfil de LDL . No es causa directa de aumento de colesterol LDL, pero sí forma parte del terreno metabólico que favorece partículas de LDL más aterogénicas (peligrosas).
Tanto el estrógeno como la progesterona juegan un papel muy importante en la modulación de tu sistema nervioso; actúan como amortiguadores de tu respuesta al estrés.
Cuando estas hormonas disminuyen, tu cuerpo pierde ese "colchón" biológico. Como resultado, te vuelves mucho más sensible al estrés tanto físico como emocional —que antes podías tolerar más—, lo que puede llevar a una sobreactivación de tus glándulas adrenales cada vez que enfrentas estrés y elevar aún más los niveles de cortisol.
Siempre que hay estrés, el cortisol se eleva y al mismo tiempo, el cuerpo demanda glucosa por si necesitas correr o huir. El hígado libera glucosa y ácidos grasos para energía. Si el estrés es crónico, la salud metabólica se altera y el colesterol circulante cambia su comportamiento —puede volverse más aterogénico.
Este factor es crítico y muchas veces se pasa por alto: La inflamación crónica de bajo grado.
Durante la etapa fértil, el estrógeno y la progesterona actúan como potentes antiinflamatorios naturales. Al disminuir los niveles, y especialmente cuando ya existía inflamación sistémica por otros factores como resistencia a la insulina, disglicemias ("picos y bajones" de glucosa) o estrés (físico, bioquímico, nutricional o mental), tu cuerpo puede entrar en un estado de inflamación crónica de bajo grado.
El colesterol es, fundamentalmente, una molécula reparadora y protectora. Cuando hay inflamación crónica de bajo grado, las paredes de tus arterias (el endotelio) sufren microlesiones y se inflaman. Tu cuerpo, sabiamente, produce más colesterol. El hígado recibe señales de alerta del sistema inmune y aumenta la producción de colesterol para enviarlo directamente a las zonas dañadas.
Su misión es entregar "cemento biológico" para parchar y reparar. Ese no es el problema, sino lo que sucede después, que depende del nivel de inflamación sistémica en el que se encuentre tu terreno biológico. Cuando no hay fuego inflamatorio que perpetúe el daño, las partículas de HDL entran a tiempo a limpiar lo que el sistema inmune y el colesterol hicieron en equipo.
Culpar al colesterol es como culpar a los bomberos que acuden a apagar un incendio.
Esto también explica por qué durante periodos de estrés físico, cirugías o traumas, el cuerpo moviliza recursos y el comportamiento de tus lípidos (grasas) puede alterarse de forma transitoria (el LDL puede bajar, pero aumenta la oxidación de partículas).
Muy frecuentemente, el enfoque convencional ante colesterol elevado es intentar reducirlo a toda costa mediante medicamentos, sin detenerse a explorar a fondo el contexto metabólico y hormonal de la persona.
Entonces, ¿deberías preocuparte?
La respuesta corta es esta: La base de la salud cardiovascular no es un número aislado de colesterol, sino el contexto.
Tu salud neurometabólica y tus niveles de inflamación sistémica son el terreno biológico en que ese colesterol está actuando.
El tipo de colesterol (lipoproteínas), así como el tipo de partículas de colesterol también importa. Basarnos en el colesterol total para tomar decisiones es como querer reparar a ciegas.
Actualmente existen pruebas más específicas que evalúan las partículas de LDL, lo que permite entender mejor el riesgo cardiovascular; pero existen marcadores básicos que nos dan una muy buena idea del estado de tu terreno biológico y son suficientes para iniciar un plan de restauración metabólica:
Antes de considerar un tratamiento, vale la pena evaluar el panorama completo que incluya tu historia de salud, tu estilo de vida y la etapa hormonal en la que te encuentras.
Incluir una prueba completa de tiroides con anticuerpos es una gran adición para entender mejor el panorama.
Si tienes tus análisis a la mano, hay una herramienta matemática muy sencilla que usamos para evaluar el riesgo cardiometabólico que es bastante preciso porque puede estimar el tipo de partículas de LDL (más dañinas o menos dañinas).
La proporción Triglicéridos/HDL.
Para calcularla, haz lo siguiente:
El resultado debería ser menor a 2.
Si tu resultado es menor a 2 (ideal menor a 1 [menor a 0.5 merece investigación]), nos sugiere que independientemente de qué tan elevado esté tu colesterol total, tus partículas de LDL tienden a ser metabólicamente seguras (menos oxidadas, menos peligrosas).
Para poder tomar el control de tu salud, es necesario silenciar el ruido afuera y aprender a interpretar lo que tu cuerpo intenta decirte.
Por eso, quiero invitarte a mi taller :
Un espacio diseñado para mujeres que quieren entender su biología sin ruido y sin miedo.
Aprenderás cuáles son los análisis que más importan después de los 40, además de los mencionados aquí, cómo entenderlos, y cómo usarlos para decidir mejor cuál es tu siguiente paso.
Dentro del taller, tendrás acceso a mi clase especial "Colesterol con Sentido", donde profundizaremos en terreno metabólico, cuándo hay que ser cautelosas y cómo conversar con tu médico sobre pruebas más avanzadas.
Las inscripciones abren MUY pronto.
—Alan Watts
La transición a la menopausia viene con cambios en el procesamiento de lípidos en tu cuerpo. Pero el número no es lo más importante.
Lo más importante no es el colesterol total. Es entender el terreno. El contexto neurometabólico en el que se encuentra tu cuerpo para poder evaluar si realmente representa un riesgo para tu salud y empezar a restaurar, en lugar de solo silenciar.
La menopausia no es una enfermedad ni una sentencia. Es una valiosa ventana de oportunidad para entender tu cuerpo, escucharlo y cuidarlo como merece.
Porque no es solo lo que comes o un número en análisis de laboratorio o en la báscula. Tampoco se trata de agregar más.
Se trata de empezar por donde tu cuerpo te está pidiendo empezar. Es a lo que yo llamo: El Paso Cero. Si tú prefieres empezar por ahí, haz click aquí.
Referencias:
Si quieres saber más sobre el mito del colesterol descarga este librito.

Categorías: : colesterol, menopausia, perimenopausia, proteina
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El Paso Cero
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